jueves, 7 de junio de 2012

Los Eones de los Diamantes

I

Las incontables arenas
en las derivas de las mareas blancas,

mareas límpidas, mareas nieves, virginales,
mareas de lluvia;

y la deriva de las manos por puertos extraños,
negras las aguas, manchadas de prontos olvidos
y aletargadas voces,

la distancia

y los diamantes en el puño,
cifrando todos los extremos
por la visión más perfecta del delirio.

"Ahora entonces
poseo el más complejo número,
el padre de toda la simetría,
      cuando los débiles perecen en las ruinas antiguas".

II

El himno al sol
de la mañana sangrienta,
cuando los primeros hombres
colgaban de los caminos en sus muertes tan claras ahora,
tan magníficamente negras con todo el hálito fétido de la distancia infranqueable,
tan sucios de alejarse por su culpa.

El sol que entibiaba la sangre
que caía de los primeros palacios alzados por los reyes,
los ciegos más poderosos que guiaron a través de la muerte.

El sol que quemaba los cuerpos que temblaban,
el sol que mostraba los cuerpos de los dioses
y los siguientes de todos;
el sol, en su himno,
dejó entrever un nuevo misterio.

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