martes, 11 de septiembre de 2012

El ciego

Aquel ciego
se perdía en la ciudad
y andaba despacio
en la ceguera del crepúsculo,
de las apenas franjas
de un fuego que no cesa de apagarse,
día a día,
en tragedia y en muerte
que ya no vuelve;
el ciego
y las edades rotas;
el ciego y los colores perdidos
y la sinestesia del abandono,
del alma suelta

y el ciego
viendo donde las dimensiones se separan.

Tatuajes

Tatuajes sombras,
la piel ensombrecida
por un alba raído,
una tarde antigua
sin futuro, una tarde a punto de morir,

cada tarde muerta de cada uno
en las sombras de la piel
en los tatuajes del dolor de los días de hambre.

Las Magias

Aire

y un átomo cruza
llevando un universo
apretado,
sellado,
secreto,
a punto de estallar
recreando la destrucción
y las reconstrucciones
indefinidamente
por el capricho de las dimensiones
y todo lo imperecedero bajo sus líneas límite,
sus líneas rotas de la espera
de la fórmula perfecta
que nombre el todo
con la voz de todas las vibraciones

el pulso

que va por el aire
y entre miles de millones de millones
de dimensiones a destiempos
con otro ser que se desmaya
por nuestra voz que vibra
dentro de las rocas que levitan.

Los soles en las pieles


Hipnótico Desierto,

espiral caminata de ausencia;

camino de escamas
dueñas del viento,

las rocas han visto
los orígenes de las simetrías
que todo lo sostienen
y nadie,
pero nadie,
es capaz de su cálculo

ni siquiera
en el curso de todas las lunas
y los soles rotos de la ineptitud

    del hombre
            desmayado
                        ante un nuevo mar
                                 y el miedo
                                     de la orilla
                                            que tenía la respuesta
                           
                          escrita
            en
arena.